
La música en vivo se alimenta de la generosidad. Primero de los que tocan, que ofrecen su creación, libre, descarnada, directa y desnuda a los segundos, los que asisten, que escuchan, ofrecen su tiempo, su cariño y se emocionan, bastante a menudo. Y luego está una tercera figura en discordia, no siempre valorada en su justa medida y son los que se encargan de que ambos elementos entren en contacto de que se de la magia en un lugar, en un momento. Ellos son los posibilitadores. Ayer tras más de un año volvieron a hacer acto de presencia uno de nuestros posibilitadores favoritos: Mirador Pop, que organizaron una fiesta de presentación del festival que se organizará a finales del mes de Agosto.
Blacanova abrían la noche haciendo lo que mejor saben hacer, nosotros ya hemos jugados con ellos al menos cuatro veces y aún queremos saber donde está el truco. Te construyen algo delante de ti sin que te des cuenta y llega un momento en el que lo ves y no lo puedes creer, anoche rozaron con los dedos la cima de los limites de lo bello. Han vuelto a ganar. Siempre ganan.

Luego llegaban Pumuky por primera vez en Cádiz (esos posibilitadores…) y consiguieron cosas que solo grupos como Pumuky consiguen en directo, Cádiz paso a tener al menos cinco puentes, la sala Supersonic fue todo lo grande que Pumuky quisieron que fuese y la distancia entre cada uno de los asistentes se pudo medir en años luz. Pasó al contrario con nuestros corazones, los encogieron hasta casi exprimirlos. Los espacios se difuminan y las emociones se concentran.

Anoche la lección fue: que lo hermoso siempre encuentra su lugar, Pumuky lo fijaron en un lugar abstracto del tiempo, de su tiempo. Y con Mirador Pop la espera mereció la pena. En agosto nos rencontramos de nuevo y esperemos que a partir de entonces no tengamos que esperar tanto, que el tiempo solo sea lento en noches como las de ayer.

El verano de hace dos años servidor cumplió uno de sus sueños y deseos más preciados. En el tren que nos llevó a Almería se me acabaron las formas inventadas de buscar la comodidad. Pero aquella noche, en aquel, aún hoy, extraño e incomprensible (a ratos) contexto mientras sonaba “The Concept” uno tuvo que reprimir las lagrimas al sentir, por segunda vez en su vida, su felicidad autoafirmándose.
Hoy uno de aquellos culpables, Norman Blake, nos visitaba acompañado del inefable Jad Fair en un espectáculo inolvidable por lo bello y por lo revelador en la pureza de su propuesta. Es en el homenaje en forma de versiones hacia Daniel Johnston donde consiguen volar más alto, no solo por su comprensión de la obra de Daniel (algo que puede parecer obvio, siendo quienes son, pero que no es fácil con la figura de un mito tantas veces fagocitado de forma un tanto obtusa) sino, también, porque consiguen hacer algo complicadísimo en su concepción y aparentemente sencillo en su posterior resolución:
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Que difícil e infructuoso resulta intentar encuadrar a una banda en un “lugar” determinado dentro de los “lugares” así establecidos donde todo tiene que cuadrar. Que estúpido, más, cuando te encuentras ante grupos como L’Hereu Escampa donde lo libre solo encuentra comparación con lo intenso.
Hablaba una vez Kiko Amat a propósito de unas palabras de Penny Rimbaud (Crass) sobre la importancia capital del espacio dentro de la música, los huecos. L’hereu Escampa utilizan esos huecos para llevar al público a un particular “Test de Cooper” músical. Los huecos, el espacio… el espacio y el tiempo.
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Vivimos tiempos complicados para el orgullo de algunas de las manifestaciones culturales más apasionadas que existen, como pueden ser, para el caso que nos ocupa, la música pop.
Con la visita hoy de Damien Jurado (posiblemente el artista que mejor se mueve encima de la cuerda, esa que une a Tim buckley con Elliott Smith), una de la fechas claves dentro del calendario del Campus Rock de este bicentenario 2012, hemos vuelto a constatar una constante común en la presentación de según que músicas en vivo. Y no es otra que la de acondicionar el espacio del recinto (o usar uno ya habilitado) destinado al público asistente con sillas para el respetable, es decir: conciertos sentados.